Un día vino a la universidad el artista Enric Mauri. Explicó a mis alumnos su trabajo; otros artistas han pasado por nuestras aulas (Núria Güell, Francesc Torres, Ignasi Aballí, Nuera Ancarola, Caterina Almirante, Antònia del Río, Gonzalo Elvira, Enric Farrés… no los puedo mencionar todos) y la experiencia siempre ha sido increíble. Explicar el arte y la cultura sólo desde la comodidad del laboratorio teórico es una de las grandes deficiencias de nuestra envejecida universidad.

En un momento de aquella clase, una buena alumna le pregunta por una instalación que Enric tiene en casa suya, un espacio mental, y el artista dice que, con el paso de los años, aquel espacio sólo ha tenido un visitante. Y la clase sonríe. Y, entonces, Enric Mauri dice una frase que me parece un monumento, una epifanía: ‘Tenéis que pensar que, en la inmensidad del mundo, que se acerque a mi taller, a mi espacio, una persona, cien o mil personas es exactamente la misma cosa.’

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